“A pesar de la popularidad y la importancia de la rinoplastia, hasta hoy no existían guías multidisciplinares adecuadas”, resume la autora principal, Lisa E. Ishii, en un comunicado, pero, “ante el creciente número de este tipo de cirugías, es importante promover las terapias adecuadas, realizar un esfuerzo por reducir la mortalidad, coordinar la atención e involucrar a los pacientes en su propio cuidado”.

Tal como explican sus autores, el documento nace para resolver la escasa disponibilidad de literatura clínica accesible para los especialistas y les ofrece herramientas sólidas para la identificación y tratamiento de los pacientes candidatos a una rinoplastia. La guía incluye también una sección de preguntas frecuentes y un apartado especialmente dedicado al asesoramiento para pacientes con apnea obstructiva del sueño (AOS).

La llamada Practice Guideline: Improving Nasal Form and Function after Rhinoplasty pretende promover, por ejemplo, que los médicos indaguen en las motivaciones y expectativas de sus pacientes, para poder proporcionarles información adecuada y ajustada a un objetivo realista. Propone así mismo, que este tipo de charlas con el candidato, previas a la intervención, queden documentadas y registradas en la historia clínica.

Por otro lado, exhortan a los especialistas a tener en cuenta comorbilidades como el trastorno dismórfico corporal, trastornos de coagulación o el uso crónico de fármacos tópicos vasoconstrictora intranasales y aconsejan que, una vez terminado el proceso, los especialistas documenten la satisfacción del paciente con su nueva función nasal y apariencia física.

Más de 200.000 rinoplastias anuales

Según datos del Annual Plastic Surgery Report, realizado por la American Society of Plastic Surgeons, en 2014 se realizaron un total de 217.000 rinoplastias solo en Estados Unidos. De todos estos procedimientos un 75% se realizó a mujeres, cuyo rango de edad más frecuente (32%) fue de entre 20 y 29 años. Entre las motivaciones estéticas más frecuentes para realizar la intervención se cuentan, por ejemplo, los orificios excesivamente anchos, la punta caída o puntiaguda o las abolladuras en el puente.

Otros pacientes optan por la cirugía para mejorar la función nasal y corregir obstrucciones en las mucosas nasales o en las vías respiratorias. Todos estos motivos hacen de la rinoplastia la tercera cirugía más frecuente, solo por detrás de los aumentos de pecho y las inyecciones de colágeno o similares. Según las mismas fuentes, en 2014 los gastos totales por rinoplastia en los estados Unidos ascendieron a 1 billón de dólares (1.000 millones de euros).