El uso de esta droga se asocia a una recuperación de mejor calidad, un mayor éxito en los vaciados, la ausencia de sensación de náusea y por lo tanto a una menor necesidad de fármacos antieméticos que bloqueen el vómito. Además, los autores destacan los mínimos efectos secundarios de este corticoesteroide.

El estudio contó con la participación de 63 voluntarias que necesitaban someterse a una cirugía de reconstrucción tras haber sufrido un prolapso de la cúpula vaginal. Las pacientes fueron divididas en dos grupos para realizar un ensayo aleatorizado de doble ciego.

El grupo de intervención, compuesto por 27 mujeres, con una media de edad de 63 años recibió una dosis de dexametasona una hora antes de la intervención, mientras el grupo de control, formado por otras 36 pacientes recibió placebo. El resto de procesos quedaron estandarizados.

De esta manera, todas las voluntarias fueron operadas bajo anestesia general, se les suministraron los mismos medicamentos para paliar el dolor postoperatorio y las pruebas de micción fueron estandarizadas. Todas pasaron la noche en el hospital.

Tras la cirugía, el grupo de control requirió mayores dosis de prometazina para controlar las náuseas, en concreto 11 mujeres frente a las 2 que lo necesitaron en el grupo de intervención.

Una vez implantado el cabestrillo suburetral, el grupo que no tomó dexametasona experimentó más pérdidas de orina. Fueron 30 pacientes frente a las 15 del grupo medicado.

Durante la recuperación, las pacientes que consumieron el corticoesteroide presentaron un mejor estado emocional, si bien las escalas de dolor fueron similares. En ningún caso se observaron efectos adversos. Por todo ello, los autores consideran que el uso del fármaco debe ser recomendado en estos casos.