Bélgica se despojó así de las críticas vertidas estos días contra la autoridad nacional responsable de la seguridad alimentaria, la Afsca, cuya credibilidad está en tela de juicio después de que un contraperitaje revelara que la presencia de fipronil sobrepasaba el techo de "riesgo" para el consumo en una de las muestras.

Frente a un análisis inicial, que revelaba una tasa de 0,076 miligramos, una muestra del mismo productor alcanzaba 0,92 miligramos. Si bien el fipronil está prohibido para uso alimentario en la Unión Europea y su detección en alimentos ya supone una infracción, su presencia solo implica un riesgo para la salud si sobrepasa los 0,72 mg/kg, según la Agencia Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA).

"Puedo comprender cierto número de críticas, pero les recuerdo las iniciativas tomadas", se defendió Ducarme ante los parlamentarios, y mencionó el bloqueo de 86 granjas, el refuerzo de los análisis o la retirada de productos sospechosos.

El escándalo del fipronil ha alterado la tranquilidad de la agenda política belga, que se ha visto forzada a incluir el tema de urgencia en el Parlamento en un debate de más de 6 horas en el que los ministros de Sanidad, Maggie de Block, y Agricultura, Denis Ducarme, han dado explicaciones sobre el asunto.

Por su parte, De Block aseguró que el Gobierno hace "todo lo necesario" para garantizar la salud de los consumidores y dijo que "es seguro comer huevos" en Bélgica. Sin embargo, y después de decir que los huevos de los supermercados belgas eran totalmente seguros, la Afsca ha anunciado a raíz del contraperitaje la retirada de 10 referencias, que ha recomendado a los consumidores no ingerir y devolver a los comercios de origen.