El paciente era un varón de 39 años que consultó por una tumoración cutánea de meses de evolución situada en la cara anterior del muslo izquierdo. No sentía dolor y había sido diagnosticado de lipoma. Se estudió un espécimen consistente en un quiste de contenido seroso de 3,5 cm cubierto por piel con márgenes tisulares de consistencia firme y anaranjada.

A nivel microscópico se observó una lesión dérmica mixta mesenquimal y epitelial. El primer componente mostraba una proliferación fusocelular de apariencia fibroblástica con ligero patrón de crecimiento estoriforme, abundantes histiocitos que contenían hemosiderina, áreas de hemorragia, vasos capilares dilatados y vénulas con capa muscular engrosada.

Por su parte, el componente epitelial estaba formado por un área quística central de contenido proteinaceo sin conexión con la epidermis, la cual aparece ligeramente hiperplásica, con hiperpigmentación basal similar a la observada en los dermatofibromas, y revestida por epitelio escamoso no queratinizado.

De acuerdo con los autores, la lesión se corresponde con un dermatofibroadenoma hemosiderótico apocrino, un tumor descrito por primera vez por S. González en el año 2005; desde entonces se han descrito un total de 6 casos, incluyendo el recogido por los investigadores sevillanos en este artículo.

Tal y como explican los especialistas, se ha discutido si el dermatofibroadenoma hemosiderótico apocrino es una neoplasia híbrida o si una neoplasia induce la presencia de otra. “Como sugiere González, la presencia de ambos componentes por igual, junto a la distribución corporal en los casos descritos, donde frecuentemente no existen glándulas apocrinas, favorecería que se tratara de una neoplasia mixta en el que ambas partes tienen un origen neoplásico más que reactivo”, afirman los autores.