El ensayo clínico aleatorizado tenía como objetivo determinar la eficacia terapéutica del fármaco sobre el flujo sanguíneo 40 pacientes con síndrome de Raynaud; 25 de ellos con esclerodermia limitada y 15 con esclerodermia difusa. Tras dividir a los sujetos en 2 grupos, a uno se le suministraron 50 unidades de 2,5 mililitros de Btx-A y, al otro, la misma cantidad de solución salina estéril.

Pasados un mes desde la última inyección, los autores realizaron a los voluntarios un examen físico, un cuestionario sobre su estado y captaron imágenes de las extremidades mediante láser doppler. Los pacientes tratados con Btx-A habían experimentado mejora en el flujo sanguíneo medio en las manos en comparación con el grupo placebo.

La diferencia, estiman, era estadísticamente significativa y más evidente en pacientes de síndrome de Raynaud de larga duración o esclerodermia difusa. A los 4 meses, estas mismas técnicas revelaron que, si bien las medidas clínicas habían mejorado ligeramente en las manos tratadas, la diferencia en el flujo sanguíneo de ambos grupos no se había mantenido de forma significativa.

“Los resultados secundarios sugieren algún efecto positivo de la Btx-A, pero su significado clínico es cuestionable”, advierte R.J. Bello, autor principal del estudio. “El papel de la toxina botulínica de tipo A en el tratamiento del fenómeno de Raynaud debe ser estudiado con poblaciones de pacientes más homogéneas y en situaciones clínicas únicas, como la isquemia digital aguda”, sugiere el experto.