En este contexto, una encuesta realizada por la Asociación de Afectados de Urticaria Crónica (AAUC) ilustra con datos los efectos negativos, físicos y emocionales de la urticaria crónica. En dicha encuesta se refleja que el 73% de los afectados cancela su participación en actos sociales, más del 70% se siente limitado en sus relaciones sexuales, y 1 de cada 4 falta al trabajo casi una vez al mes.

“Nuestra calidad de vida se ve deteriorada en muchos sentidos. Se trata de una enfermedad que no te deja tener una vida normal”, recalca Meritxell Cortada, presidenta de la AUUC. “Por ejemplo, hay noches en las que el picor y el malestar te despiertan y no te dejan dormir, o al comprar ropa hay que fijarse en el roce de los tejidos y en las etiquetas”.

Según explica Antonio Valero, presidente electo de la SEAIC, las causas que la provocan son difíciles de determinar y su diagnóstico no siempre resulta fácil, por lo que supone un desafío tanto para el médico como para el paciente. La prevalencia de la urticaria crónica espontánea se estima que afecta entre un 0,5 y 1% de la población general, pero, aproximadamente, un 20% de la población ha padecido algún episodio espontáneo de urticaria durante su vida.

Anticuerpos monoclonales

“Aunque el tratamiento de elección suele ser el uso de antihistamínicos en las dosis recomendadas, e incluso incrementadas, a veces la respuesta no es aceptable y existe un grupo de pacientes que continúa manifestando síntomas y signos de la enfermedad. Los especialistas deben facilitar nuevas alternativas de tratamiento a los pacientes cuando los antihistamínicos no funcionan”, concluye el doctor Valero.

En este sentido, omalizumab es el único anticuerpo monoclonal con indicación aprobada para urticaria crónica, lo que le sitúa en la segunda línea de tratamiento, tras los antihistamínicos, y sustituiría al uso crónico de corticosteroides, según indican los especialistas de la SEAIC.