Para dar respuesta a esta cuestión, el equipo, dirigido por William G. Ryan, ha realizado una revisión literaria, a través del archivo farmacológico de la US Food and Drug Administration y las principales bases estadounidenses de datos biomédicos, que abarca desde 1985, momento en que empezaron a fabricarse los productos que se utilizan hoy en día, hasta 2014. De esta forma almacenaron un total de 579 referencias no duplicadas.

Tras la revisión de los datos, los investigadores hallaron una marcada disminución en la eficacia de productos a base de permetrina y piretrina, “probablemente debido a la aparición de mutaciones de resistencia como consecuencia de su uso generalizado e indiscriminado”, aventuran los autores del paper. En los primeros estudios sobre este fármaco, su eficacia oscilaba entre el 96 y el 100%; los más recientes la sitúan en un 25%, una cifra que no supera si quiera a la obtenida con placebo.

Los consumidores deberían evitar especialmente el lindano por su potencial toxicidad. Su uso está indicado únicamente en pacientes que no puedan tolerar otros fármacos o cuyas terapias previas hayan fracasado. Por eso motivo, recuerdan, los pediatras y dermatólogos deberán tener especial precaución con bebés, niños, ancianos, adultos inmunodeprimidos, pacientes que pesen menos de 110 libras (50 kg aproximadamente) o consuman anticonvulsivos.  

Entre las alternativas disponibles, los científicos han destacado la ivermectina tópica, el malatión y el spinosad, “fácilmente disponibles, más seguros y más eficaces incluso con una sola aplicación y sin peinado de las liendres”, especifican, “el alcohol de bencilo, aunque eficaz, requiere de varias aplicaciones”, señalan.

Por su parte, los remedios caseros como la mayonesa, el vinagre o los aceites esenciales “no solo no han demostrado ser eficaces, sino que, además, pueden llegar a causar graves reacciones alérgicas”, advierte Ryan y su equipo. Su uso puede contribuir también a la extensión de la plaga, especialmente en los picos estacionales de julio y septiembre que coinciden con la vuelta al colegio.

“El alto riesgo de los tratamientos sin receta obliga a los profesionales de la salud a reconocer las limitaciones de muchas curas actuales y fomentar el uso juicioso de los tratamientos que sí siguen siendo eficaces”, concluye. Así mismo, junto a la American Academy of Pediatrics, Ryan y su equipo han declarado su oposición a la política escolar antiliendres.

“Aunque el peinado es adecuado para eliminar los piojos y huevos muertos, nuestra experiencia sugiere que la eliminación rigurosa de estos restos es innecesaria más allá de fines cosméticos”, defienden, “no encontramos ninguna justificación para estas políticas que simplemente resultan en pérdidas de clase para los niños y horas de trabajo para el cuidador”.