Dicha pared celular es imprescindible para que la levadura sobreviva, prolifere y los sujetos comiencen a padecer la enfermedad, según constata el estudio realizado por investigadores de la Molekulare Mykologie Heinrich-Heine Universität, en Alemania, en colaboración con el grupo de investigación de Genómica Funcional de Levadura del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Valencia. La investigación se publica en la revista PLOS Genetics.

La mayoría de infecciones por Candida son tratables y no tienen demasiadas complicaciones (enrojecimiento, picazón y malestar), pues el cuerpo restablece los niveles normales de forma natural. Sin embargo, en ocasiones puede provocar trastornos en la piel o las membranas mucosas, incluida la cavidad oral (candidiasis oral), la faringe, el esófago, el aparato digestivo, la vejiga o los genitales.

“Aunque la mayoría de las infecciones por candidiasis son tratables, las complicaciones llegan a ser graves o fatales en ciertas poblaciones; es el caso de las inmunodeficiencias, como el sida, o el trasplante de órganos, donde los tratamientos pueden no funcionar con normalidad. Hoy por hoy, no existen terapias completamente efectivas”, asegura Paula Alepuz, responsable de la colaboración española en el proyecto.

En la investigación, la proteína Dom34 demostró que era capaz de reconocer y unirse a los mRNA (mensajeros de ácido ribonucleico) debido a la expresión de los genes codificadores para enzimas de glicosilación de proteínas. Su unión a estos mRNA promovió la síntesis de dichas enzimas y la producción de glicoproteínas; dos hechos muy relevantes para que la Candida albicans pudiera sobrevivir a las defensas producidas por el huésped.