A pesar de que el consumo de drogas se había relacionado con un comportamiento sexual de riesgo, este estudio evalúa los efectos directos de la cocaína y la toma de decisiones como consecuencia de su consumo. En total, se analizó a 12 sujetos que habían consumido entre 125 y 250 miligramos de cocaína por kilogramos corporal.

En relación con el placebo, la cocaína no modificó significativamente las probabilidades de uso del preservativo a pesar de que conocieran que el sexo podía asociarse con un 100% de certeza a contraer una infección por transmisión sexual. Por el contrario, las dosis de cocaína influían en el retardo de la actividad sexual y en una disminución de la probabilidad del uso de preservativo.

Según indican los investigadores, “este es el primer estudio que muestra que la administración de la cocaína aumenta el deseo sexual. Los efectos perjudiciales sobre el riesgo sexual solo se observaron cuando la protección implicaba un efecto retardado o cuando no se conocía con claridad si existía o no riesgo de ITS”.

En síntesis, la cocaína, una de las drogas más adictivas del mundo, eleva la desinhibición sexual y, con ello, la impaciencia y la reducción de la percepción del riesgo de contraer enfermedades sexuales. Un estudio publicado en 2016 en la misma revista, demostró que otras drogas, como el alcohol, pueden influir en la toma de decisiones y originar comportamientos que ponen en riesgo la salud.