El presidente François Hollande ya aseguraba en marzo que presionaría para la regulación internacional de los precios de los medicamentos en su reunión con otros líderes en Japón. El problema es que las propias farmacéuticas podrían estar involucrados en las decisiones económicas que se tomarían en la cumbre del 26-27 de Mayo en Japón, a la que asistirán los ministros de sanidad de los correspondientes países.

El aumento del precio de los fármacos innovadores ha sido criticado en todo el mundo, con campañas realizadas en países en vías de desarrollo que exigen la reforma del sistema de patentes para tener un acceso asequible a los medicamentos. Los países del G-7 son el refugio de la gran mayoría de fabricantes de fármacos. Sin embargo, los gobiernos europeos están dispuestos a hacer frente a ciertos costes sanitarios y subvencionarlos para que la población pueda disfrutar de ellos, en lugar de pedir una reducción de los precios.

En cualquier regulación político-económica que se planteara, se tendría que equilibrar la necesidad de establecer unos precios bajos con las necesidades económicas derivados de la innovación de las compañías farmacéuticas que invierten en investigación y desarrollo de nuevos fármacos.

La ONU está discutiendo la forma de mejorar el acceso a los medicamentos, y Hilary Clinton se ha comprometido a controlar los precios en Estados Unidos. Algunos laboratorios como GlaxoSmithKline, han barajado la opción de patentar los medicamentos en función de la riqueza de los distintos países.