La primera de las pruebas, relativa a una de las grandes preocupaciones del consumidor y quizás la más conocida por el ciudadano medio, ha sido el alto contenido en azúcar de esta bebida. En este caso sólo 2 productos fueron calificados como “malos” para la salud.

La marca oficial de Coca-Cola y sus variantes Zero y Light obtuvieron la nota más alta en cuanto al adecuado contenido en edulcorantes y su publicidad de “sugar free”; seguidas por la Cola Light de la marca Lidl y la Cola 0% Azúcar de los supermercados Aldi.

Otro de los parámetros nutricionales que se tuvieron en cuenta, fue la calidad de caramelo colorante encargado de crear el característico color marrón de la bebida. Durante la cocción de este colorante se desprende una sustancia contaminante llamada 4-metilimidazol (4-MEI)

Varios estudios, entre ellos el Programa Nacional de Toxicología de Estados Unidos, demostraron ya en el año 2007 que el también llamado 4-MEI era un elemento cancerígeno. La Oficina de Asesoría de Riesgos Ambientales a la Salud del Estado de California estableció entonces que la cantidad máxima por adulto y día no debía exceder los 16 microgramos.

En esa misma fecha las bebidas de coca-cola contenían aproximadamente 130 microgramos de 4-MI, un 800% más de la cantidad máxima recomendada para un adulto. Solo 3 de los productos testados en esta ocasión superaban el límite y otro más rozaba la cantidad justa tolerada por un cuerpo adulto.

De las 29 colas sometidas a examen, 25 contenían ciertos tipos de cloratos característicos en la composición de desinfectantes y productos de limpieza. Una de ellas además presentaba una concentración de alcohol de 3 gramos por litro cuando la legislación no permite más de 2 en refrescos y bebidas carbonatadas.

En cualquier caso, y a pesar de que 4 marcas hayan superado los estándares básicos, los expertos han advertido sobre las altas cantidades de ácido fosfórico corrosivo -que da el característico sabor efervescente- que contiene cualquier coca-cola y que aumenta el riesgo de padecer enfermedades renales y cardiovasculares.