El estudio, publicado en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, se ha basado en los datos de 30.000 pacientes afectados de cáncer tiroideo en cualquier de sus variantes -medular, folicular, papilar y anaplásico- obtenidos a partir de SEER-Medicare. De todos los sujetos estudiados, el 70% eran mujeres de raza blanca con una edad media de 64 años; unas cifras que ilustran la mayor incidencia de la patología entre la población femenina.

“Tan solo el 8% de los sujetos de estudio tenían metástasis óseas u otras lesiones esqueléticas, como fracturas, relacionadas con el cáncer”, señala Haymart en una nota de prensa de la universidad. “Sabemos que la metástasis es mala; pero en nuestro estudio, los pacientes con metástasis ósea tenían una peor tasa de supervivencia en comparación con aquellos cuyo cáncer se propagaba a otros órganos”, explica la investigadora.

Sin embargo, “los pacientes con cáncer de tiroides localizado o regional, sin metástasis, tienen un pronóstico excelente”, interviene Choksi. “Ahora que hemos identificado qué tipos de cáncer tiroideo suponen un mayor riesgo de afectación del esqueleto, podemos diseñar estudios adecuados para hallar qué medicamentos pueden prevenir o resolver tales complicaciones óseas”, adelanta la profesora asistente de Medicina.

“Los pacientes con cáncer de tiroides han sido poco estudiados”, corrobora Haymart, quien, a través del estudio, pretende que “otros médicos sean conscientes de la mayor probabilidad de lesiones óseas en esta población de alto riesgo”. Tal como recoge la nota, los investigadores sospechan que ciertos fármacos útiles en otros cánceres óseos, como denosumab, podrían beneficiar también a pacientes con cáncer tiroideo mestastásico en el hueso.