Este descubrimiento se desarrolló en células madre embrionarias de ratón que habían sido cultivadas en el laboratorio para expresar un cambio genético en Nkx2-1, un gen implicado en el desarrollo de la tiroides. Dichas células madre embrionarias fueron sometidas a diversas etapas: activaban y desactivaban Nkx2-1 durante diversos periodos de tiempo.

Mediante la expresión transitoria de funciones de Nkx2-1, pudieron observar que existía un periodo corto en el que la activación del gen transformaba la mayoría de células madre en células tiroideas. Estas células producían la hormona T4 en niveles equivalentes a los producidos por el tejido tiroideo de ratones.

Aunque NKX2-1 también tiene un papel clave en el desarrollo pulmonar y cerebral, los investigadores no pudieron establecer una relación directa con otros sistemas y tejidos, si bien no descartan que pueda aplicarse a la producción de otro tipo de células relevantes relacionadas con las mismas funciones que las que poseen los tirocitos.  

El estudio muestra que “la sobreexpresión de NKX2-1 se puede emplear como señal inductiva para producir de manera eficiente tirocitos procedentes de la modificación de células in vitro y que están posean características típicas de tirocitos murinos”.