Aquellos con restricción parcial del sueño consumían un promedio de 385 kilocalorías extra al día frente a una intervención sin restricciones del sueño, sin un aumento en la cantidad de energía gastada en las siguientes 24 horas. Estas calorías provenían sobre todo de las grasas, mientras que las proteínas se redujeron y los carbohidratos se estabilizaron.

Si la privación de sueño se mantuviera, las probabilidades de desarrollar sobrepeso aumentarían, especialmente por la dificultad en evitar los mecanismos cerebrales de recompensa que se producen cuando las personas con estas características ingieren alimentos con alto contenido calórico.  

Otras explicaciones sugieren que se produce una interrupción del reloj corporal interno que afecta a la regulación de la leptina (hormona de la saciedad) y la grelina (hormona del hambre). Los sujetos con privación de sueño durmieron entre 3,5 y 5,5 horas frente al grupo control en el que durmieron entre 7 y 12 horas.

Los autores consideran que el sueño es uno de los factores que influyen en el aumento de peso, además del ejercicio físico y el tipo de alimentación. Una vez analizada la relación entre el aumento de ingesta calórica y la privación de sueño, los investigadores han decidido comenzar un nuevo estudio que analice el número de horas que duermen aquellas personas que tienen sobrepeso, y que se estima que, actualmente, afecta a un 39,3% de la población española.