Una vez consumido, el suplemento de maíz es digerido por la microbiota intestinal en ácidos grasos volátiles (AGV) que contribuyen significativamente a mejorar la arquitectura y fortaleza de los huesos, tal como ha sido probado en modelos de roedor. Ahora, Connie Weaver y su equipo, han estudiado estos procesos en niñas y mujeres posmenopáusicas.

La revista American Journal of Clinical Nutrition publica el experimento realizado con 14 mujeres tras su climaterio. Las pacientes consumieron durante 50 días las cantidades diarias de 0,10 o 20 gramos de este hidrato de carbono no digerible. Los resultados se cuantificaron a través de una espectrometría de masas para medir las cantidades excretadas de isótopos de calcio en orina.

Según la cantidad de maíz soluble consumido, la retención de calcio en los huesos mejoró entre un 4,8 y un 7%. “Si la suplementación se mantuviese durante un año, los resultados equivaldrían e incluso contrarrestarían la tasa media de pérdida ósea en una mujer posmenopaúsica”, resume Weaber.

En otro estudio de diseño similar, elaborado por el mismo grupo y cuyos resultados publica la revista The Journal of Nutrition, 28 niñas consumieron los distintos gramajes de fibra de maíz soluble consiguiendo mejorar su absorción de calcio en un 12%, lo que supone la construcción de un 1,8% de tejido óseo al año. En definitiva, “este prebiótico puede ayudar a las personas sanas a utilizar mejor los minerales que sustentan la salud de sus huesos”, concluye.

Esto no significa que “debamos dejar de recomendar el consumo de leche o una dieta equilibrada” advierte, “se trata de una estrategia más para aprovechar mejor el calcio en aquellos que no llegan a consumir la cantidad recomendada de productos lácteos” explica Weber sobre este “nutriente deficitario, que debería llegar a los 1.300 miligramos”.