Los autores investigaron la influencia de la fetuína-A en las células adiposas pancreáticas a partir de cultivos celulares obtenidos del tejido residual cedido por pacientes tras sus cirugías. De esta forma, observaron que la hepatocina inducía a las células adiposas maduras, y sobre todo a las células precursoras adiposas, a producir más marcadores de inflamación y factores de atracción de células inmunes.

Además, el análisis histológico de las muestras de 90 pacientes mostró un incremento significativo de monocitos y macrófagos en las áreas donde se habían acumulado células adiposas. Por otro lado, mediante una resonancia magnética, los investigadores midieron la grasa pancreática de 200 sujetos con riesgo elevado de padecer diabetes tipo 2.

En los individuos que habían experimentado un empeoramiento de la regulación de la glucosa en la sangre, el aumento de la degeneración grasa pancreática se vinculó con una secreción de insulina reducida. El conjunto de análisis sugiere que el hígado graso no alcohólico, en combinación con la degeneración grasa del páncreas desencadena una mayor infiltración de células inmunes locales y la inflamación que aceleran el curso de la enfermedad.

En lo que se refiere al riñón, la profesora Dorothea Siegel-Axel, coautora del trabajo, recuerda que el tejido adiposo puede tener efectos protectores; “localizado alrededor de los vasos sanguíneos o del riñón tiene propiedades regenerativas”, ejemplifica la experta de Tübingen. Esto quiere decir que el tejido adiposo no es dañino per se: “El factor que conduce a los cambios patológicos es la fetuína-A producida por el hígado graso”, reitera.

Tras la acción de la hepatocina, el tejido adiposo pasa de ser un medio de protección a provocar los procesos inflamatorios que conducen a la restricción de la función renal. Por ello, “la afirmación de que la obesidad en sí misma siempre tiene un efecto causante de la enfermedad es demasiado imprecisa”, defiende el coautor Hans Ulrich Häring. Para ser exactos es necesario tener en cuenta parámetros como la existencia de hígado graso, los niveles de hepatocinas o la comunicación con otros órganos.