“El estilo de vida durante el embarazo y los primeros años de vida del niño, condicionan y predisponen al riesgo de determinadas enfermedades como asma, hipertensión, diabetes u obesidad”, resume el experto en una nota de prensa emitida por la Universidad de Zaragoza, organizadora del encuentro al que han acudido más de 300 especialistas en Pediatría procedentes de varios continentes.

Entre ellos, el profesor titular de Pediatría, Gerardo Rodríguez, quien ve una oportunidad para la prevención en esta correlación entre alimentación y salud. “Los factores nutricionales podrían explicar hasta el 50% de la aparición de algunas enfermedades, que podrían controlarse desde las primeras etapas de la vida”, argumenta.

Azúcares, proteínas y nuevos sabores

Por su parte, la presidenta del Comité de Nutrición de la European Society for Paediatric Gastroenterology Hepatology and Nutrition (ESPGHAN), Mary Fewtrell, recuerda que, si bien la mayoría de estudios se han centrado en la etapa de lactancia, “la alimentación complementaria – a partir de los 4 meses- es también un momento clave”.

Esto se debe a que la incorporación de nuevos sabores y texturas, podría establecer preferencias alimentarias y comportamientos en cuanto al apetito. Así mismo, Fewtrell ha recomendado limitar la toma de proteínas para que esta no sobrepase el 15% de la energía total, ya que una alta ingesta puede aumentar la obesidad en edad escolar.

Una alimentación pobre en nutrientes puede ser negativa, pero también puede serlo una alimentación excesiva”, añade el presidente del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP), José Manuel Moreno, quien considera que el aumento de obesidad infantil se debe a “la excesiva ingesta de calorías, un mayor tamaño de las raciones y el descenso en la práctica de actividad física”.

La profesora Natasa Fidler, jefa del Departamento de Nutrición del Hospital Infantil Universitario de Liubliana (Eslovenia) ha puesto el foco de atención en los azúcares libres, cuyo consumo debe ser inferior al 5% del total de energía. Además, es preferible evitar los azúcares añadidos, por ejemplo, en batidos o zumos y, en su lugar, consumir la sustancia a través de frutas o lácteos.