Según recoge Infosalus, para llevar a cabo el estudio, los investigadores seleccionaron a más de 90 pacientes con SII, a los que dividieron en dos grupos. Durante 6 semanas, el primero siguió la citada dieta, que excluye compuestos que se encuentran en el trigo, algunas frutas y verduras, el ajo, las cebollas y los sustitutos del azúcar); el otro, ejerció de grupo de control, siguiendo una dieta basada en el sentido común (evitar atracones e irritantes, fundamentalmente).

De los que siguieron la primera dieta, más de la mitad experimentaron una mejora en el dolor abdominal, frente al 20% del grupo de control. Igualmente, los pacientes del régimen bajo en FODMAP tuvieron menos diarrea, hinchazón e incontinencia fecal. A las 4 semanas, el 61% había experimentado una mejora en su calidad de vida frente al 27% del otro grupo.

De acuerdo con la gastroenteróloga de la Universidad de Michigan Shanti Eswaran, esta dieta no es nueva como tratamiento, pero “realmente funciona”. Por eso, la recomienda, siempre con la supervisión de un médico y un dietista. El siguiente paso es determinarlos las causas químicas del colon irritable y las razones por las que un alimento puede provocar reacciones muy diferentes en personas distintas.