“La aplicación toxina botulínica tipo A (bótox) en los músculos masticadores ha demostrado ser una excelente herramienta para combatir las alteraciones del bruxismo”, según el Instituto odontológico Maxilofacial de Madrid (IOMM). El centro confirma que las inyecciones de bótox en una dosis de <100 U son seguras en pacientes sanos y, además, resultan tan eficaces como la férula oral.

El bruxismo puede desencadenarse, entre otros motivos, por casos agudos de estrés, ansiedad y depresión o por factores funcionales como una mala mordida. La patología, que puede ser diurna o nocturna, “afecta muy negativamente a la calidad de vida de un gran porcentaje de la población”; con síntomas como:

  1. Fractura del esmalte dental.
  2. Dolor facial, de cuello, oído, etc.
  3. Destrucción del hueso que soporta la dentadura.
  4. Problemas articulares e, incluso, artrosis mandibular.
  5. Desgaste del diente y disminución permanente de su tamaño.

“Acudir al especialista a tiempo es esencial para poder realizar un adecuado diagnóstico” reitera el IOMM. Durante este proceso, los especialistas identifican los puntos de dolor, evalúan el desgaste dental, definen el tipo de bruxismo así como el grado de afectación y evalúan la posibilidad de aplicar el bótox. Al ser un potente relajante muscular, la sustancia relaja los músculos masticadores afectados. Su efecto, precisan, se alarga desde los 3 a los 6 meses.

“Numerosos estudios demuestran que el bótox puede reducir la frecuencia de los eventos de bruxismo, así como los niveles de dolor que induce, y satisfacer la autoevaluación de los pacientes con respecto a su eficacia”, defienden. Además, el bótox no produce los efectos secundarios característicos de los relajantes musculares sistémicos, tales como somnolencia, disminución de reflejos o relajación muscular de las zonas no afectadas.