La autora principal del estudio, Sonia Julià-Sánchez, declaró a la agencia SINC que ““cuando existe una mala oclusión, esta se clasifica por criterios establecidos científicamente. Lo relevante en el estudio es que se ha relacionado además con diferentes alteraciones motoras y fisiológicas”.

Los 2 estudios, publicados en la revista Motor Control y Neuroscience Letters, concluyen en que la corrección de esos dientes que no encajan correctamente al cerrar la boca, mejoraría el equilibrio estático y dinámico del paciente, es decir, mejoraría el control de la postura. Ciertas condiciones como la obesidad o la inestabilidad empeorarían la misma.

La explicación de la relación entre la mala mordida y el equilibrio podría ser neurofisiológica, ya que el nervio trigémino influye en el núcleo vestibular, y los músculos masticatorios influyen en los cervicales.

Esta relación entre mala mordida y postura puede ser muy significativa en los deportistas tanto para la prevención de lesiones como en el rendimiento. Por esta razón, asegura Sánchez, sería útil corregir la mala oclusión para evitar caídas o desequilibrios originados porque el sistema motor no ha sabido reaccionar.

Una mala mordida puede ocasionar otros problemas relacionados como desviaciones de la línea media, mordida cruzada, apiñamiento, diastemas o falta de piezas dentales. Cada vez son más los pacientes a los que se les diagnostica oclusión dental (contacto entre los dientes superiores e inferiores al cerrar la boca) después de una visita rutinaria al dentista.