La protracción maxilar anclada a los huesos produce una serie de cambios mandibulares en el paciente, según indica un estudio presentado durante la última exposición de la Asociación Internacional de Investigación Dental. El objetivo de este estudio ha sido evaluar los cambios tridimensionales en la mandíbula y en la fosa glenoidea de pacientes consecutivos de la clase III del esqueleto tratados con protracción maxilar anclada a los huesos.

Los expertos han explicado en su presentación que utilizaron una muestra de 20 pacientes consecutivos con esqueleto clase III de entre 9 y 13 años. Los pacientes fueron tratados con elásticos intermaxilares clase III y miniplacas bilaterales (2 en las crestas infracigomáticas del maxilar y 2 en la mandíbula anterior). Los pacientes contaban con tomografías computarizadas de haz cónico (CBCT) tomadas antes de la carga inicial (T1) y un año después (T2).

Los autores de la investigación han explicado que los modelos tridimensionales se generaron a partir de los CBCT, se registraron en la base craneal anterior y se analizaron mediante mapas de color. La tracción ortopédica asistida de la protracción maxilar produjo cambios esqueléticos sagitales. El desplazamiento posterior de la mandíbula en T2 se observó para todos los sujetos en los cóndilos y el mentón.

En la mayoría de los pacientes, la protracción maxilar provocó una remodelación de la fosa glenoidea en la eminencia anterior y una reabsorción en la pared posterior. Este nuevo enfoque de tratamiento induce un control favorable del crecimiento mandibular en pacientes con componentes del prognatismo mandibular. “Para comprender mejor los efectos del tratamiento, se necesitan estudios futuros con seguimiento a largo plazo y comparaciones con las terapias de mascarilla facial”, señalan los autores.