Para llegar a esta conclusión, el profesor emérito de la McGill University, se ha basado en el reciente estudio publicado por el Canadian Scleroderma Research Group (CSRG) que, entre el año 2008 y el 2011, ha reunido los datos de 163 pacientes de esclerosis sistémica y 231 sujetos de control, todos ellos con una edad media de 56 años y una prevalencia del 90% de mujeres.

Tras realizar diversas radiografías y exámenes dentales y del tejido oral, los investigadores hallaron y problemas bucales con una duración media de 13,7 años, en más del 28% de los individuos. “Muchos individuos presentaban una apertura de la cavidad oral menor que la del grupo de control, así como caries o enfermedades periodontales”, ejemplifica el jefe de Reumatología del Jewish General Hospital, Murray Baron.

Además, “a pesar de que la presencia de, al menos, un anticuerpo relacionado con el síndrome de Sjögren (ya sea RO 52 / TRIM-21, SSA / SSB o Ro60 / LA) se asoció con una disminución de la producción de saliva”,la severidad de la enfermedad no parece correlacionarse con esta producción.

Así mismo, la pérdida dental se asoció con la sequedad de la boca de forma independiente a la severidad de la enfermedad. Estos resultados “indican que los cambios de producción saliva no solo están relacionados con los procesos fibróticos”.

Así mismo, los autores encontraron que “la resorción ósea de la mandíbula es secundaria a una mayor presión en la boca, relacionada con la deposición de colágeno en los tejidos faciales orales adyacentes”. Estos pacientes se enfrentan a problemas de erosión, que pueden llegar a derivar en fractura.

Por otro lado, existen problemas de tipo psicológico; “obviamente la gente quiere verse bien, y estar sin dientes o tenerlos deteriorados puede minar su salud mental”, explica Gornitsky. Frente a estos datos, considera necesario que los reumatólogos “pregunten habitualmente a sus pacientes para enviarlos a un dentista cuando sea necesario”.

El experto propone preguntar al paciente, por ejemplo, si experimenta problemas al masticar, si sufre algún síntoma de la enfermedad por reflujo gastroesofágico o si tiene problemas para producir saliva. Así mismo, deberían preocuparse por la existencia de llagas en la boca, sangrado de encías o dolor dental en general, defiende.

“Estos resultados son una llamada de atención y los médicos tienen que empezar a pensar acerca de la salud oral de sus pacientes reumatológicos”, reclaman Baron y Gornitsky, empezando por educar en higiene bucal y recomendar colutorios sustitutivos de la saliva. “Cuantos más dientes salvemos, mejor”, sentencian, “este tipo de cuidados puede tener un gran impacto en el paciente con esclerosis; desde su nutrición hasta su confianza”.