Los expertos señalan que el objetivo ante un traumatismo panafaical es restaurar la integridad funcional y estructural de las estructuras conferidas en el esqueleto facial a la vez que se asegura una mínima secuela estética. “La complejidad de estos casos da poco margen a la improvisación, por lo que es siempre mandatario realizar una correcta anamnesis, exploración y planificación prequirúrgica”, indican.

Tras la estabilización del paciente, una actuación precoz limita el número de secuelas. Los médicos explican que la secuencia de reparación debe adaptarse a las necesidades de cada caso. Los médicos indican que la de las fractura panafacial se clasifica según el método de Le Fort, que aún es un buen modelo teórico aunque “no tiene una correspondencia real con nuestra experiencia clínica”.

La clasificación de Le Fort es simple a la hora de valorar adecuadamente las fracturas que se producen en múltiples niveles, aquellas con patrones asimétricos, los desplazamientos de fragmentos grandes, la conminución de áreas vulnerables y las fracturas simultáneas a nivel de la fosa craneal anterior y mandibular. La cobertura de tejidos blandos se realizará en un primer tiempo quirúrgico y de forma urgente.

El estudio explica que el proceso debe completar la reconstrucción anatómica ósea tridimensional, la estabilidad de los focos de fractura, la preservación de los órganos en ellos contenidos de acuerdo con las medidas antropométricas previas del paciente y con una mínima consecuencia estética en un único tiempo quirúrgico.