Los médicos explican en su estudio que el andamio está hecho con espuma bioactiva, un producto maleable cuando se expone a una solución salina tibia que permite a los cirujanos moldearla para que se adapte a defectos irregulares en el cráneo, donde se endurece en su lugar. Una vez implantados en el cráneo, los poros recubiertos dentro de la espuma atraen a las células óseas, lo que regenera de manera natural el hueso para reemplazar la espuma, que se disuelve con el tiempo.

La espuma que forma el andamio es un polímero con memoria de forma revestida con una polidopamina bioactiva. El material está diseñado como una alternativa a los utilizados actualmente para tratar las lagunas craneo maxilofaciales. Tales huecos se rellenan con un injerto de hueso quirúrgicamente cosechado del paciente, tal como de la cadera. Estos injertos óseos rígidos son a menudo difíciles de cosechar, y no pueden manipularse fácilmente para ajustarse a defectos óseos de forma irregular, comprometiendo la cicatrización.

La investigación es apoyada por una subvención de 4 años de 1,9 millones de dólras del Instituto Nacionale de Salud (NIH), y está dirigida por la Universidad de Texas.

"Es como tratar de llenar una pieza del rompecabezas que falta con la pieza equivocada", dijo Melissa Grunlan, profesora asociado al instituto y desarrolladora del andamio. Mariah Hahn, profesora de ingeniería biomédica de Rensselaer y experta en ingeniería de tejidos óseos, probará varias formulaciones de la espuma in vitro. Su objetivo es señalar las formulaciones más exitosas para más pruebas preclínicas y proporcionar información sobre por qué algunas espumas tienen más o menos éxito en la promoción del crecimiento óseo.