Estas iniciativas son estudios longitudinales que incluyen recopilación de datos y pruebas cognitivas y de neuroimagen periódicas. En concreto, la ADNI realiza visitas cada 3, 6 y 12 meses desde la primera cita, y a partir de ahí anualmente. Por su parte, el IMAS repite las visitas cada 18 meses. Para este estudio, publicado en Jama, se analizaron datos de 451 personas (402 participantes de la ADNI y 49 del IMAS) en noviembre de 2015.

Los resultados cognitivos y las mediciones de atrofia cerebral realizadas a través de resonancia magnética estructural se compararon entre los participantes que tomaban anticolinérgicos (AC+) y los que no (AC-) después de ajustar factores potenciales de confusión. La asociación del uso de este tipo de fármacos y el deterioro clínico longitudinal se examinó a través de la regresión de Cox.

Los participantes AC+ de la ADNI (52 con una media de edad de 73 años) mostraron resultados medios inferiores en la escala Wechseler; en concreto, se registró un resultado medio de 13,27 en este grupo frente al 14,16 de los participantes AC- (P?=?.04). En el test de trazo B los resultados de los adultos AC+ fueron de 97,85 segundos frente a los 82,61 de los AC-. Los resultados medios de la función principal fueron igualmente más bajos en las personas que tomaban anticolinérgicos, en los que además se apreció una reducción del área cortical, debilidad del lóbulo temporal y mayor volumen de los ventrículos laterales e inferior.

Después de analizar los datos, los investigadores concluyeron que la utilización de fármacos anticolinérgicos está asociada con un incremento de la atrofia, la disfunción y el deterioro clínico del cerebro. Por ello, desaconsejaron el uso de estos medicamentos en personas de edad cuando exista una alternativa terapéutica viable.