El 95% de estas mujeres eran mayores de 70 años, y todas ellas presentaban un alto riesgo de fracturas debido a la pérdida de densidad mineral ósea. El consumo de bifosfonatos de las ancianas era variado al comienzo del estudio, que se prolongó 4 años:

  1. El 13% llevaba 2 años siguiendo una terapia con bifosfonatos.
  2. El 34% llevaba entre 3 y 5 años siguiendo una terapia con bifosfonatos.
  3. El 20% llevaba entre 6 y 9 años siguiendo una terapia con bifosfonatos.
  4. El 33% llevaba entre 10 y 13 años siguiendo una terapia con bifosfonatos a largo plazo.

Tras analizar los datos, Rebecca L. Drieling, autora principal del estudio, y su equipo concluyeron que el riesgo de fractura era mayor entre las ancianas que habían consumido bifosfonatos a largo plazo en comparación con aquellas que habían tomado el fármaco durante 2 años. El consumo de entre 3 y 9 años no se relacionó con un mayor riesgo.

A pesar de los datos, “la longitud ideal de uso de bisfosfonatos todavía no se ha estudiado en ensayos clínicos aleatorizados, el estándar de oro de los estudios de investigación, con mujeres en edad geriátrica”, admite la autora. Por eso, concluye, “las usuarias de bifosfonatos a largo plazo deben acudir más regularmente a la consulta de los expertos”.