Uno de los riesgos que conlleva la hipertermia en el anciano es la deshidratación, sobre todo en aquellos mayores que padecen una enfermedad neurodegenerativa, sobrepeso, enfermedades crónicas o tienen medicación, recuerda la sociedad científica. La hipertermia, explica la SEGG, se produce cuando el cuerpo humano supera los 41 grados. Al producirse esta situación, se sobrepasan los mecanismos de regulación térmica de los que dispone el organismo y se origina el golpe de calor.

En el caso de las hipotermias en el anciano la SEGG afirma que es fundamental saber reconocer los síntomas:

  1. Dolor de cabeza.
  2. Sensación de boca seca y pastosa.
  3. Náuseas, vómitos y mareos.
  4. Escalofríos.
  5. Piel seca.
  6. Calambres musculares en brazos, piernas o vientre.
  7. Desorientación.
  8. Pérdida de conciencia o confusión.
  9. No sudoración.

Según ha recordado el presidente de la SEGG, José Antonio López Trigo, otro factor importante es el control de las pérdidas de líquidos. “Si la temperatura exterior es muy alta y las pérdidas de líquidos no se reemplazan de forma adecuada, entramos en una situación de deshidratación y la tensión arterial desciende”.

Estos síntomas, asociados a la hipertermia en ancianos, deben controlarse en el menor tiempo posible, asegura la SEGG, puesto que, si no se hace, puede desencadenarse una situación de shock en la que sucede un fallo de los diferentes órganos, convulsiones y coma, señala López Trigo.