Según recoge MedScape, los beta-bloqueantes pueden ser beneficiosos en aquellos pacientes de edad avanzada que han sufrido un infarto de miocardio, puesto que reduce la mortalidad a 3 meses un 26%, apuntan los investigadores. Sin embargo, cuando los ancianos tienen un peor estado cognitivo, este tipo de medicamento puede aumentar el grado de deterioro.

“Los beta-bloqueantes prolongan la vida después de un infarto de miocardio”, asegura el autor principal del estudio, Michael A. Steinman. No obstante, “en los adultos de edad avanzada más frágiles, aquellos con mayores niveles relativos de deterioro cognitivo o funcional, los beta-bloqueantes podrían aumentar ese deterioro”, ha añadido.

Según los autores, la práctica de evitar la prescripción de beta-bloqueantes en ancianos frágiles y altamente vulnerables es razonable. Tras estos resultados, destacan la necesidad de tomar las decisiones sobre la prescripción de estos fármacos en personas mayores basándose en el cuidado individual y en las necesidades de cada paciente.

El autor principal del estudio concluye que en el caso de pacientes más vulnerables que “realmente valoran el preservar su independencia y autonomía, y cuyo objetivo no es la prolongación de la vida, sino la calidad de esta, así como conservar las capacidades que tiene, parecería razonable que se les excluyese de la prescripción de beta-bloqueantes”.