Un estudio publicado en BMJ analiza si existe relación entre la fragilidad y la etnia de las personas. Hasta ahora, muy pocas investigaciones se han detenido a examinar si hay alguna relación entre los ancianos y la fragilidad típica de la edad. La investigación se ha llevado a cabo con datos extraídos en los Países Bajos de personas de 55 años o más cuyos orígenes eran holandeses, turcos, indonesios, surimaneses o turcos.

El estudio, realizado por Carmen Betsy Franse y colaboradores, aseguró que los ancianos que tenían antecedentes holandeses, surimaneses, marroquíes o turcos eran frágiles, para lo cual, las estrategias de intervención concretas para prevenir y reducir la fragilidad debía centrarse en estos inmigrantes mayores.

Para medir la fragilidad y relacionarla así con la etnia, se estimaron “modelos de intercepción aleotaria multinivel ajustados para factores de confusión”, tal y como señala BMJ. Además, se evaluó esta con el TOPICS_Fragility Index, que constaba de 45 ítems y los siguientes componentes:

  1. Limitaciones en las actividades de la vida diaria.
  2. Morbilidades.
  3. Calidad de vida relacionada con la salud.
  4. Limitaciones en las actividades de la vida diaria.
  5. Salud psicosocial.
  6. Salud autoevaluada.

Como resultados se vio que el índice de fragilidad variaba de 0.19 en las personas de origen holandés a 0.29 en las que tenían antecedes turcos. Tras el ajuste por edad, nivel de vida, sexo y nivel educativo, aquellos ancianos con antecedentes turcos, surinameses y marroquíes eran más frágiles que los de origen holandés.

En cuanto a la fragilidad entre las personas de origen holandés comparadas con los de origen indonesio, no hubo diferencias significativas. La puntuación fue siempre más alta entre todos los grupos con antecedentes no holandeses comparados con los holandeses.