El estudio, publicado en la revista Health Psychology, se basó en las experiencias de 135 pacientes de artrosis que, todas las mañanas durante 22 días, registraron su autoeficacia respondiendo preguntas sobre su estado de ánimo, el grado de dolor que padecían o si consideraban que iban a ser capaces de afrontar las tareas diarias a pesar de las molestias físicas. A lo largo de las jornadas, un acelerómetro midió la intensidad de la actividad y el número de pasos.

“La autoeficacia tenía un significativo efecto positivo sobre la actividad de los pacientes a lo largo del día”, asegura la autora principal del artículo, Ruixue Zhaoyang, en una nota de prensa. Para la investigadora posdoctoral, uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que no solo se comparó la autoeficacia de persona a persona, sino también en el día a día de un mismo paciente de artrosis. Esto, justifica, “da una mejor idea sobre cómo las fluctuaciones en la autoeficacia afectan a una persona”.

En este sentido, los investigadores observaron que, incluso si la autoeficacia de un paciente con artrosis era menor que la de otro, este primero era más activo siempre y cuando superase personalmente su propia marca de autoeficacia. Es decir, “no se trata comparar la confianza con otros, sino con uno mismo”, explica, “si te sientes más seguro que ayer, es probable que seas más activo que ayer”. No obstante, matiza Zhaoyang, este efecto no se refleja en el día siguiente, de manera que sentirse autoeficaz un día no garantiza una mejor actividad física al día siguiente.

Esto quiere decir que “si alguien intenta animar a un paciente con artrosis a ser más activo y logra aumentar su confianza hoy, pero no mañana, el efecto de la autoeficacia percibida desaparecerá”, sentencia la autora. Para lograr esta motivación continua, la profesora del departamento de Desarrollo Humano y Estudios de la Familia, Lynn M. Martire, propone “retroalimentar los esfuerzos de los pacientes de artrosis con tecnologías móviles como los teléfonos inteligentes o los FitBits”.