Según informa el centro en una nota, la enfermedad arterial periférica es una de las manifestaciones clínicas de la arterioesclerosis. Se trata de una patología degenerativa, progresiva y multifocal, asociada a determinados factores de riesgo cardiovascular que, cuando se manifiesta, esta? ya ampliamente desarrollada.

Tal y como ha explicado el especialista, “debido al estrechamiento u obstrucción de las arterias de las piernas, el aporte de sangre y, por ende, de oxígeno, se ve disminuido”. “De ahí que, ante situaciones en las que las necesidades de oxigeno se ven incrementadas (caminar, subir cuestas, ejercicios suaves), la dificultad para responder a esta demanda de manera adecuada se manifieste como un dolor muscular intenso que disminuye tras un periodo variable de reposo”.

En esos casos, las personas afectadas por la enfermedad arterial periférica sienten un dolor en la pantorrilla que cede después de un breve reposo. Es lo que se conoce como claudicación intermitente, el síntoma más frecuente de esta patología, también llamada “enfermedad de los escaparates”, ya que los pacientes paran asiduamente, como si estuviesen mirando tras los cristales de los comercios que encuentran.

Factores de riesgo

De acuerdo con Castejón, los factores de riesgo de la enfermedad arterial periférica se dividen en 2 grupos: modificables y no modificables. Los últimos son la raza, el sexo (los hombres son más propensos), los antecedentes familiares y, el más importante de todos, la edad. Los modificables son el tabaquismo, la diabetes mellitus, la hipertensión arterial y el colesterol.

“Sobre este último grupo podemos actuar para prevenir el desarrollo de la enfermedad o mejorar el pronóstico una vez se presenta”, ha añadido el médico, según el cual “si evoluciona la enfermedad, el dolor puede ser continuo sin necesidad de realizar ejercicio o pueden aparecer lesiones en los pies y piernas”. “En estos casos, el riesgo de amputación de la extremidad o de morir por otras causas es muy alto”, ha subrayado.

Para evitar llegar a ese punto, como medida inicial se intentan corregir los factores de riesgo. “En aquellos casos en los que no hay mejoría o la enfermedad evoluciona, será preciso efectuar intervenciones que mejoren el aporte sanguíneo en las extremidades”, ha explicado Castejón. “Hoy en día los cirujanos vasculares disponemos de multitud de técnicas para restablecer el flujo arterial”. La técnica seleccionada dependerá de las características del paciente y del grado de enfermedad de las arterias a tratar.