Tal y como explica la agencia SINC, en el caso de las fracturas de cadera y muñeca, el impacto es más alto en ancianos de mayor edad, con más enfermedades asociadas, con una red de apoyo social deficiente y con un menor nivel de educación. El estudio, realizado en el País Vasco, certifica que el grado de capacidad profesional y tecnológico para atender las caídas sufridas por ancianos es tan alto que son capaces de igualar el resultado final, independientemente de lo complicada que sea de la fractura.

Itziar Vergara, investigadora de la Red de Investigación en Servicios de Salud en Enfermedades Crónicas, ha destacado que “observamos que las consecuencias de una fractura en la recuperación del anciano eran distintas en unas personas y en otras, y tratamos de saber si existía algún tipo de perfil con mayor probabilidad de evolucionar mal”.

“Teniendo en cuenta esto, lo que realmente influye en la recuperación del anciano después de una fractura es el punto de partida en el que se encontraba en el momento en el que se fracturó”, ha añadido. “Vimos que el patrón del anciano que se cae y luego se recupera mal, corresponde, en su mayoría, a un anciano frágil”, ha señalado.

Por lo tanto, la recuperación del anciano muestra peores expectativas cuando son personas mayores muy debilitadas, con una mala calidad de vida, que padecen varias enfermedades crónicas, un elevado consumo de fármacos y una red de apoyo social limitada. Los investigadores subrayan la importancia de incluir en la valoración inicial de los servicios de asistencia sanitaria la clasificación entre mayores frágiles o robustos.