Anna Chodos, autora principal del estudio, ha analizado los grupos focales de 9 centros de Atención Primaria, de los cuales 5 eran públicos y 4 afiliados a la universidad; además, 2 de ellos estaban especializados en la tercera edad. De todos los centros sometidos al cuestionario, sólo una clínica geriátrica universitaria se sentía “cómoda” diagnosticando demencia.

El sondeo incluyó preguntas acerca de las métricas de calidad, los métodos preferidos a la hora de derivar pacientes, la relación con el grupo de ayuda complementaria Dementia Care Ecosystem (DCE) y otros retos a los que se enfrentaban en su día a día. Muchos médicos de cabecera explicaron en este punto, que las dificultades con el manejo ambulatorio de la demencia se debían a la falta de recursos.

La conclusión del equipo ha sido que “la Atención Primaria carece de la capacidad necesaria para atender a la creciente cantidad de adultos mayores con demencia". Con esta sentencia coincide otro estudio de la Universidad de Alberta (Canadá) presentado durante el mismo congreso geriátrico anual.

Cheryl A. Sadowski, autora del paper, realizó un estudio retrospectivo de 245 pacientes con una media de edad de 80 años. Solo el 26% habían sido diagnosticados por su médico de cabecera mientras el 47,9% recibieron una respuesta a su patología después de la remisión.

Aquellos que fueron enviados a una clínica geriátrica para su reevaluación, ya habían mostrado síntomas claros en la consulta de Atención Primaria. El 75% de los pacientes hicieron referencia a su médico de familia y el 77% confirmaron que su presencia en la especialidad de geriatría se debía a pérdidas de memoria.

“Evaluar el deterioro cognitivo de los adultos mayores es parte de la rutina de Atención Primaria”, asegura Sadowski, “sin embargo, se han descrito los desafíos. A pesar de las directrices actuales al respecto, la cognición sigue siendo un reto diagnóstico para los médicos de primera atención”, concluye la investigadora.