Tal y como señala la UOC, la población de más edad no es más susceptible de sufrir depresión que otros colectivos. Sin embargo, la soledad y el hecho de pasar de estar activo profesionalmente a no tener ninguna obligación laboral sí inciden en la probabilidad de padecer este trastorno.

“Una persona que durante 40 o 50 años ha dado mucha importancia a su vida laboral y, de repente, ve truncada esa vida, requiere unos procesos de reequilibrio importantes”, explica Eulàlia Hernàndez, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. El hecho de no tener pareja y de vivir solo son factores de mal pronóstico en las personas mayores, asegura.

Importancia del apoyo social

Los hijos y los nietos pueden ser factores protectores, motivos para continuar estando activo y si se sufre un trastorno depresivo, pueden convertirse en motivos para continuar luchando, asegura esta especialista. De hecho, cuando aparecen ideas suicidas, algunos enfermos reconocen que no lo hacen por la familia, un argumento en que se suelen apoyar los psicólogos durante la terapia.

Para evitarlo, la UOC considera que sería interesante hacer una transición menos repentina e ir reduciendo el ritmo de trabajo poco a poco para que la rotura no sea tan brusca ni aparezca de repente un escenario nuevo que desestabilice la seguridad emocional.

Eulàlia Hernàndez cree que la jubilación se tiene que ver y entender como un luto, un proceso psicológico que se experimenta después de cualquier pérdida. Para prevenir que se convierta en un descalabro, según Hernàndez, es bueno potenciar los factores de protección y las estrategias de enfrentamiento de la persona: apoyo social, relaciones familiares y autonomía física y mental.