Así lo ha defendido el investigador de la Universidad de Alabama en Birmingham (UAB), Huifeng Yun, cuyo trabajo se publica en las revistas Journal of Rheumatology y Rheumatology News. “Nuestro estudio demuestra que, en pacientes mayores de 70 años con enfermedades autoinmunes, la vacuna contra el herpes zóster es efectiva a corto plazo, aunque su eficacia disminuye con el tiempo”, matiza el experto.

Para llegar a esta conclusión, el equipo ha investigado los casos de todos los pacientes inscritos en Medicare entre el año 2006 y 2013 durante, al menos, 12 meses seguidos, y con diagnóstico de espondilitis anquilosante (1,4%), psoriasis (31,6%), artritis psoriásica (4,7%), artritis reumatoide (53,1%) o enfermedad inflamatoria intestinal (20,9%). De ellos, 59.627 recibieron la vacuna, mientras 119.254 no fueron inoculados.

Los científicos observaron que, durante el primer año de seguimiento, se produjeron 0,75 casos de herpes zóster por cada 100 sujetos entre la cohorte que había recibido la droga. Tras 7 años de investigación esta cifra ascendió a 1,25 casos por cada 100 vacunados. Por su parte, la tasa entre los individuos no vacunados se mantuvo estable; se registraron, aproximadamente, entre 1,3 y 1,7 casos anuales por cada 100 personas en todo el periodo de estudio.

“Tal como esperábamos, las tasas fueron hasta un 50% más altas que entre la población general mayor de 70 años sin enfermedad autoinmune”, asegura Yun; no obstante, en comparación con los individuos no inyectados, “los sujetos vacunados gozaban de entre un 23 y un 26% menos de riesgo de contraer herpes zóster; una tasa de estadísticamente significativa durante los primeros 5 años tras la vacunación”, concluye.

Ante estas evidencias, los investigadores han planteado la posibilidad de que “los pacientes puedan beneficiarse de una vacuna de refuerzo en algún momento tras la vacunación inicial, aunque, por el momento, no existe ninguna recomendación que apoye esta práctica”.