Tal y como señala la institución académica, los investigadores se centraron solo en las personas mayores que colaboraban en el cuidado de sus nietos de forma ocasional para comparar su supervivencia con aquellos que no cuidaban nunca a sus nietos, o directamente con los que no tenían nietos, pero ayudaban a sus hijos con otras tareas.

Los resultados del estudio mostraron que el hecho de cuidar a otras personas incide de forma positiva en la mortalidad. La mitad de las personas mayores que cuidaban a sus nietos seguían vivos unos 10 años después de la primera entrevista en 1990, una supervivencia similar a la de quienes no tenían nietos. Sin embargo, entre aquellas personas mayores que no cuidaban a nadie solo la mitad seguían vivos después de 5 años.

Según los investigadores, el efecto positivo sobre la mortalidad no se limitaba a la ayuda y el cuidado de la familia. Los adultos mayores sin hijos que sí daban apoyo emocional a otras personas también obtenían un beneficio, ya que la mitad seguían vivos después de 7 años, frente a una media de 4 entre quienes no ayudaban a nadie.