Según el trabajo, que publica la revista JCI Insight, la cantidad de placas de β-amiloide en la retina se correlaciona directamente con la cantidad presente en áreas específicas del cerebro. Tras la investigación postmortem de cerebros y retinas humanas de pacientes con alzhéimer y estudios en roedores, los autores iniciaron un ensayo clínico en 10 pacientes vivos diagnosticados de angiopatía amiloide cerebral y 6 sujetos en el grupo de control.

Los voluntarios debían ingerir una solución de fluorocromo de curcumina gracias a la cual, los depósitos de β-amiloide destacaban al ser escaneados. De esta forma, aseguran, la placa puede ser detectada en la retina antes de que comience a acumularse en el cerebro. Los resultados preliminares muestran que la prueba de imagen no invasiva podría diferenciar la enfermedad de Alzheimer con una sensibilidad del 100% y una especificidad del 80,6%.

“Una de las principales ventajas de analizar la β-amiloide en la retina es la repetibilidad, que nos permite monitorizar a los pacientes y la progresión potencial de su enfermedad”, justifica el primer autor, Yosef Koronyo. Además, se trata de un método mucho más económico que la tradicional tomografía de emisión de positrones del cerebro, que obligaba al paciente a someterse a inyecciones de trazadores radiactivos.