Esta “cosecha” de información pudo realizarse gracias a la colaboración con la casa de retiro Tiger Place y sus residentes, que permitieron la instalación de cámaras Microsoft Kinect 3D para monitorizar su actividad diaria. Tras el análisis de los datos, los investigadores descubrieron que uno de los parámetros determinantes en la predicción de la caída era la velocidad de la marcha.

“Los resultados preliminares indican que un cambio acumulativo de la velocidad está asociado con la probabilidad de una caída (p <0,0001). La posibilidad de que un residente se caiga pasadas 3 semanas, con un cambio acumulativo de 2,54 cm/s, es de 4,22 veces más que la de un residente que no haya realizado ningún cambio en la marcha en esas mismas 3 semanas”, explica Lorraine J. Phillips, autora principal del paper.

Tal como publica la revista Western Journal of Nursing Research, otro de los factores de riesgo a la hora de perder el equilibrio es la ralentización de uno de los pies a caminar. Aquellos ancianos que “frenan” su pie durante un período relativamente corto de tiempo, tienen 4 veces más de posibilidades de experimentar una caída. Lo mismo sucede si la longitud de la zancada es más corta.