Los autores, coordinados por la investigadora Luisa Thederan, examinaron la situación de más de 200 residentes en hogares de retiro de la Asociación Cáritas, sin criterios de exclusión tales como demencia o confinamiento en la cama.

Con ayuda del Blindeninstitutsstiftung (Fundación Instituto para Invidentes) y el Departamento de Oftalmología del Hospital Universitario de Würzburg, los voluntarios fueron sometidos a un examen exhaustivo que incluyó parámetros como el historial clínico o el uso de medicamentos.

A los hombres (84 en total) y mujeres (119) con edades comprendidas entre los 55 y los 101 años, se les realizó un examen peripapilar y de mácula, otro del segmento anterior del ojo con lámpara de hendidura, una prueba de agudeza visual, una tonometría y una tomografía de coherencia óptica (OCT).

El 39,9% de los encuestados afirmaron no recordar la última vez que se habían examinado la vista, mientras un 20,7% aseguraron que su última revisión se remontaba 5 años atrás. Solo un 14,3% habían sido tratados en un plazo comprendido entre los 5 y los 2 años anteriores a la encuesta y un 5,4% hacía menos de 2 años. Un 6,4% recibieron atención en el último año y un 13,3% en los últimos 6 meses.

La mayor parte de pacientes padecía o había padecido graves patologías: un 14,3% reportaron disminución de la agudeza visual, un 5,9% habían sufrido glaucoma, un 2,5% degeneración macular, y el 42,9% de los pacientes tenían cataratas. Refirieron también tener los ojos llorosos, rojos y pegajosos, además de molestias como visión doble y sensación de presión.

De los 88 individuos que sufrían este problema, los expertos aseguraron que al menos 45 de ellos debían ser sometidos a cirugía. Los datos mostraron también que 15 residentes debían realizarse una capsulotomía y 25 más un tratamiento para la reposición de la piel de los párpados.

Los investigadores han indicado que se trata de una cuestión especialmente preocupante si se tiene en cuenta que el aumento de la esperanza de vida supone también un aumento de la tercera edad alemana. Una gestión deficiente de la visión implica reducción de movilidad, caídas, depresiones, etc.