El galardón se entregó durante la 66.º Sesión Científica Anual. El trabajo ha sido posible gracias a un Proyecto de Investigación financiado por el CIBERCV y el Instituto de Salud Carlos III y liderado por la Dra. Raquel Yotti. Según los datos del CIBER ISCIII, casi un tercio de los mayores de 65 años sufre una afectación degenerativa de la válvula aórtica y hasta un 3% de la población mayor de 75 años padece una estenosis aórtica grave.

Esta patología consiste en la calcificación de la válvula que, progresivamente, va dificultando su apertura y, por tanto, la salida de la sangre al corazón. Para compensar la estenosis de la válvula, el corazón aumenta la presión en su interior, lo cual provoca la fatiga del paciente al realizar esfuerzos, asegura el centro,

Ante esta situación, el único tratamiento eficaz es la sustitución valvular, intervención que en pacientes mayores hoy en día se hace habitualmente mediante cateterismo, asegura el CIBER. Dado que el tratamiento no está exento de riesgos, la intervención solo es beneficiosa cuando la válvula está gravemente cerrada y los síntomas del paciente están directamente relacionados con esta enfermedad.

El equipo del Gregorio Marañón ha estudiado a un grupo de pacientes con estenosis aórtica en los que las tecnologías disponibles no son útiles para caracterizar su severidad y tomar decisiones.

Mediante estudios a través de ultrasonidos, cateterismo y medición de los gases respiratorios, los autores del trabajo han podido distinguir los pacientes que tienen verdaderamente estrecha la válvula aórtica y requieren una intervención de sustitución valvular con cirugía o catéter de aquellos  en los que los síntomas no obedecen a alteraciones de la válvula sino a otras alteraciones asociadas, y que no se benefician por tanto de la intervención.