De estos voluntarios, hospitalizados en el centro barcelonés por alteraciones severas de la deglución, 62 recibieron un tratamiento específico basado, por un lado, en la adaptación de la consistencia de la comida y, por otro, en el asesoramiento a pacientes y familiares tanto para lograr una mejor higiene bucal como para adoptar nuevas pautas de alimentación. Otros 124 sujetos siguieron una alimentación libre como parte del grupo de control.

Al finalizar el estudio, el doctor Pere Clavé y su equipo hallaron que la supervivencia de los ancianos con disfagia orofaríngea a los que se aplicó la dieta adaptada aumentó hasta el 84,13%, mientras en el grupo de control se mantuvo el 70,96%. Las infecciones respiratorias se redujeron y los reingresos hospitalarios descendieron del 51 al 18%.

“Esta intervención médica y nutricional se ha vivido muy positivamente por parte de los cuidadores”, valora el jefe de la unidad en una nota de prensa de la agencia EFE. El protocolo sugerido “les ha dado seguridad sobre su capacidad para cuidar del enfermo, les ha facilitado la actividad cotidiana de comer, y les ha permitido ver, en solo unos días, cómo mejora el estado físico del paciente”.

En esta misma línea de trabajo, el hospital ha colaborado con la Fundación Alicia en la organización de un taller de cocina dirigido a 15 pacientes con dificultades deglutivas.

Frecuente e infradiagnosticada

Según estimaciones del centro, el 27% de las personas mayores de 70 años padece disfagia, así como el 50% de los pacientes de esta franja de edad que ingresan en el hospital por otras razones. En un 25%, la patología aparece como consecuencia de la radioterapia y, según estos mismos datos, afecta al 84% de los pacientes con enfermedades neurodegenerativas, al 50% de quienes han sufrido un ictus y al 25% de los enfermos de cáncer de cabeza o cuello.

A pesar de etas cifras, “la disfagia es una enfermedad poco diagnosticada”, advierte Clavé. No obstante, es una patología que puede detectarse de manera sencilla, asegura. Los signos de alerta, como tos, atragantamiento o sensación de obstrucción a cualquier nivel del tracto alimentario, pueden detectarse mientras el anciano come o habla.