Según ha avanzado, la Unión Europea trabaja en una acción conjunta sobre la prevención de la fragilidad. Este proyecto, explica la economista, está liderado por España, “y como es algo relativamente novedoso, no es sencillo medir el coste económico que supondrá intervenir en fragilidad en las personas mayores de 65 años”.

Este síndrome es habitual entre las personas mayores de 65 años y empeora con la edad. Sus síntomas describen una posible futura discapacidad, añade la experta. Los especialistas se cuestionan si la ganancia en esperanza de vida se va a experimentar en bueno o en mal estado de salud.

Beatriz Rodríguez ha explicado que “eso hasta dentro de unos años, lógicamente, no lo veremos, pero un análisis sobre el impacto de distintas enfermedades crónicas y la fragilidad muestra que el mayor reductor de la calidad de vida es la fragilidad y no la enfermedad crónica”.

El envejecimiento de la población provocará en 2060 un incremento del 7,8 al 8% del gasto sanitario sobre el PIB (producto interior bruto), señala esta experta. Pese a que ese 0,2% puede no parecer mucho, destaca, se traduce en millones y millones de euros. Rodríguez considera necesario tomar medidas para evitar que esta situación se produzca.

Entre las soluciones que propone está centrar más el foco en la discapacidad y en el deterioro funcional que en la enfermedad crónica, ya que lo primero supone el 78% del gasto sanitario, sobre todo el referido a las residencias.