Cualquier parto aumenta las probabilidades de coágulos de sangre y tromboembolismo venoso, sin embargo, la cesárea aumenta este riesgo al cuádruple e incluye, en especial, la embolia pulmonar y la trombosis venosa profunda. Además, las mujeres embarazadas tienen cambios hemostáticos que aumentan los factores de coagulación y disminuyen sus inhibidores, pero estos cambios resultan más perjudiciales en aquellas mujeres intervenidas por cesárea.

El dímero D también indica la formación de coágulos de sangre y las probabilidades de que se rompan en el cuerpo. Tras la cesárea, los niveles de dímero D también aumentaron en dicha revisión. La cesárea no permite una recuperación rápida de la movilidad, lo que se traduce en una reducción de la actividad física y en un agravamiento de los problemas vasculares.

A pesar de analizar 60 estudios relacionados (1980-2015), los investigadores encontraron poca evidencia científica sobre tromboprofilaxis tras la cesárea, así como de la ecografía de compresión, que no resultó ser especialmente útil para prevenir los tromboembolismos derivados de esta intervención.

Por este motivo, los científicos consideran necesario realizar “más estudios observacionales y ensayos aleatorios que permitan apreciar mejor los riesgos de tromboembolismo venoso en los grupos de cesáreas para definir la eficacia y seguridad de la tromboprofilaxis”, explica Marc Blondon, médico del Servicio de Angiología y Hemostasia de los Hospitales Universitarios de Ginebra, en Suiza.

Una vez averiguado el alto riesgo vascular, es importante implantar medidas de reducción de cesáreas a los casos estrictamente necesarios mientras se evalúa la eficacia de la profilaxis. Se estima que 3 de cada 1.000 mujeres desarrollarán tromboembolismos venosos después de someterse a un parto por cesárea.