La guerra de patentes que se sitúa en unos 917 millones de euros de beneficio, enfrenta al matemático y genetista Eric Lander y al neurocientífico Feng Zhang, ambos representantes del MIT, contra la bioquímica de la UCB Jennifer Doudna y sus socios europeos.

La cuestión central es que el mérito se encuentra dividido; ya que fue el laboratorio de Doudna y sus colaboradores quienes, en 2012, hallaron los componentes clave del sistema de recorte del ADN y publicaron el primer paper al respecto. Varios meses después, Zhang adaptó el modelo CRISPR a las células humanas logrando así avances significativos.

El roce entre investigadores acabó por estallar el pasado viernes 15 de enero en una guerra de patentes, cuando la revista Cell publicó un artículo titulado “Los héroes del CRISPR”. En el texto, Lander explicaba el potencial de esta prometedora forma de manipulación genética y destacaba especialmente la labor de Zhang mientras se minimizaba deliberadamente la de Doudna.

Lander ha enviado un correo electrónico a la revista The Scientist donde explica que remitió el paper a la investigadora para su corrección y revisión antes de ser publicado. “Ella confirmó sus datos académicos y manifestó su deseo de no comentar en modo alguno el desarrollo de la tecnología CRISPR. Yo respeté su decisión de no compartir su punto de vista”.

Sin embargo, la bioquímica y su socia Emmanuelle Charpentier, del Instituto Max Planck de Biología de Infecciones (Alemania), han declarado que “no se les permitió revisar ni corregir el texto antes de su publicación ya que el MIT solo compartió extractos del artículo mientras omitía “las secciones relativas a nuestra labor”.

La investigadora, ha añadido en estas declaraciones que “hay más científicos que contribuyeron al hallazgo y tampoco han sido nombrados”. Entre ellos se encontraría George Iglesia de la Universidad de Harvard quien recibió una copia del texto “solo unas horas antes de ser publicado en Cell. Inmediatamente le envié una lista de errores, de los cuales ninguno ha sido corregido”, lamenta.

No han sido los únicos ofendidos en esta guerra de patentes, ya que numerosos científicos han criticado el gesto en redes sociales. Ante el alboroto, la Oficina de Patentes y Marcas de EE.UU. (USPTO) se hizo cargo el 10 de marzo de esta batalla por la propiedad intelectual. Durante el proceso, 3 jueces de patentes han revisado los textos académicos y escuchado los testimonios de los implicados.

La respuesta sobre a ¿quién llegó primero? podría llegar en unos meses o demorarse durante años. “Teniendo en cuenta la gran apuesta financiera que supone esta patente, es muy probable que los perdedores de esta guerra de patentes apelen a la USPTO”, ha aventurado John Conley, en declaraciones a la revista Nature.

Según el profesor de derecho en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, “incluso es posible que interfiera una tercera empresa, TooGen, de Seúl (Corea del Sur) que parece tener interferencias con la misma patente. Es raro, pero es posible”, afirma. Paralelamente, la Oficina Europea de Patentes, se encuentra “desenredando” batallas en su jurisdicción sobre esta misma tecnología.

La firma de abogados Reinhold Cohn Group (Israel), especializada en marcas comerciales y derechos de autor, ha sugerido que, al tratarse de una “apuesta tan alta”, tanto por prestigio como por economía, esta guerra de patentes podría llegar a resolverse “fuera de los tribunales”.