Facilitar el acceso a las transfusiones sanguíneas mejoraría el uso de los cuidados paliativos en pacientes con leucemia avanzada y reduciría la estancia hospitalaria. Estos resultados han sido presentados durante la última reunión de la American Society of Hematology (ASH) celebrada recientemente en Atlanta. El estudio asocia un acceso reducido a dichas transfusiones con una peor calidad de la atención al final de la vida en los pacientes con leucemia.

El estudio analizó factores adicionales que se asociaron con una peor atención al final de la vida. Estos factores incluyeron la probabilidad de fallecer en el hospital y administrar quimioterapia en las últimas 2 semanas de vida, ambas están consideradas como medidas que muestran calidad en los cuidados al final de la vida y han sido recomendadas por el National Quality Forum, una organización que establece estándares de consenso.

“Encontramos una asociación significativa entre la dependencia a las transfusiones sanguíneas y un menor uso de cuidados al final de la vida en los pacientes con leucemia”, debido a que pasaban menos de 3 días en cuidados paliativos (27%) en comparación con los pacientes que no tenían dependencia de transfusiones (19%), según explica Thomas W. LeBlanc, investigador en el Duke Cancer Institute y autor del estudio.

¿Tratamiento o solo comodidad?

Una de las principales limitaciones con la que se encuentran los pacientes con leucemia es que algunos médicos consideran los cuidados paliativos y las transfusiones sanguíneas como una terapia que modifica la enfermedad y otros como un tratamiento de confort, pues las transfusiones pueden ayudar a algunos pacientes a vivir más tiempo y sentirse mejor.

Los costes de las transfusiones suelen estar incluidos en los cuidados paliativos, gastos que el hospital no recupera por lo que evitan emplearlas, y la logística no permite proporcionar el servicio en los domicilios. Los investigadores analizaron los datos de 21.076 pacientes con leucemia aguda o crónica que fallecieron 30 días después del diagnóstico. Los pacientes se consideraron dependientes de la transfusión si en los 30 días antes de la muerte recibían 2 o más transfusiones con 5 días de diferencia.

La mediana de edad de los pacientes fue de 79 años. Los resultados mostraron que entre los años 2001 y 2011, existía un mayor número de pacientes dependientes de transfusiones sanguíneas que pacientes que no dependían de transfusiones (47 vs. 43%), pero que la media de la estancia hospitalaria fue significativamente más corta que aquellos que no dependían de las transfusiones (6 vs. 11 días).