"Los pacientes menciona el ruido en las encuestas como una de las principales razones de su insatisfacción con la atención sanitaria; (…) por tanto, el ruido se puede encuadrar dentro de la dimensión del confort del paciente con las infraestructuras sanitarias, junto con el nivel de limpieza, climatización, luminosidad, etc.", según ha defendido el enfermero Pedro Soriano en su blog SdeSalud.

Soriano, impulsor de la iniciativa #FFpaciente, busca dar un paso más en la concienciación, ya que generalmente las campañas contra el ruido suelen realizarse mediante folletos o cartelería, pero no a través de redes sociales.

Así mismo, es necesario tener en cuenta las nuevas fuentes de sonido, como los dispositivos electrónicos de comunicación, que hacen de los centros de salud puntos especialmente vulnerables a la contaminación acústica.

Las llamadas, mensajería y juegos, pero también la megafonía del propio hospital, las visitas e incluso el personal del centro con los carritos y camillas pueden alterar el descanso de los enfermos y producir estrés en los profesionales. Es por ello que, en grupos de riesgo como ancianos o pacientes crónicos, el ruido puede llegar a ocasionar un aumento de las consultas y en consecuencia del gasto médico.

Frente a esta problemática, la SEA ha propuesto restringir el uso de smartphones en los hospitales con el mismo rigor que se emplea en cines o aeropuertos, educar a los propios afectados en salud acústica o buscar nuevos canales de difusión “más allá del cartel de la enfermera con el dedo sobre los labios”, como ejemplifica en su web.

Por su parte, la AGP aboga por exponer la opinión recogida en estudios previos a pacientes, familiares y trabajadores en cuanto a ruido ambiental; describir protocolos específicos y concretar los problemas de salud que se derivan al exceder los límites de ruido recomendado.