“Haría cualquier cosa”, responde Guy Luthan, un médico residente interpretado por Hugh Grant en la película Al cruzar el límite (Michael Apted, 1996). “¿Qué harías por volver a caminar?”, pregunta el neurólogo Lawrence Mayrick, interpretado por Gene Hackman, mientras tortura a su discípulo haciéndole creer que ha quedado tetrapléjico. El V Seminario de Medicina y Cine del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM), aborda esta trama de suspense para cuestionar las relaciones entre compañeros y la ética en el campo de la biomedicina. “Si para acabar con el cáncer tuvieses que matar a una persona, ¿no merecería la pena?”, se pregunta Mayrick.

Para este afamado neurólogo en la ficción, la respuesta es sí. Mayrick se encuentra a un puñado de experimentos de lograr reparar lesiones medulares graves mediante la regeneración nerviosa. Para él, tan solo existe un problema: el crecimiento descontrolado de los nuevos nervios ocasiona graves cuadros neurológicos a los pacientes. Para el joven Luthan existe otro problema que le llevará a arriesgar su brillante futuro profesional: los “pacientes” son vagabundos reclutados contra su voluntad en pro del avance científico.

Se trata del mismo personaje que falla un triaje al enviar a quirófano a un policía herido pero estable, en lugar de al criminal que ha disparado, mucho más grave. También es él quien, al final de la película, recoge los resultados de las investigaciones ilícitas de Mayrick de manos de su viuda: “mi marido quiso hacer algo bueno, pero equivocó el camino”, dice el personaje. “El tema esencial de la película es el utilitarismo, a veces mezclado con emotivismo, que hay y ha habido a lo largo de la historia en biomedicina”, resume el doctor Benjamín Herreros, internista, vocal de la Comisión de Deontología de ICOMEM y ponente en el cinefórum.

Héroes y víctimas en la historia negra de la Medicina

“Muchas páginas negras de la historia están ligadas a la Medicina y la experimentación”, advierte Ramón Ortega, profesor de bioética de Centro Universitario de Ciencias de La Salud San Rafael-Nebrija. “A los prisioneros de los campos de concentración se les inyectó patógenos como la malaria, se les obligó a beber agua salada, a resistir presiones de miles de metros de altitud o temperaturas extremas”, ejemplifica. Sin embargo, “no era simple sadismo”, matiza Herreros, “si perdían un soldado en los Urales, necesitaban saber si resistiría a menos 30 grados y les merecía la pena intentar el rescate”, razona. Pero la ciencia extrema y amoral no es exclusivamente patrimonio nazi.

“En 1966, después de los juicios de Nuremberg, Henry K. Beecher publicó en The New England Journal of Medicine 22 investigaciones censurables”, ejemplifica Herreros, “ninguna de ellas se hizo a escondidas y mucho de lo que se descubrió a costa de las víctimas se sigue utilizando en Medicina”, asegura el internista. “La diferencia entre las hepatitis A y B, incorporada hoy a la práctica clínica, la halló el doctor Krugman en la escuela Willowbrook, para niños con retraso mental”, cuenta el experto, “con el pretexto de que no había camas suficientes en un área, se hacía firmar a los padres un consentimiento para envíar a los niños sanos al área de enfermos de hepatitis”. Otro ejemplo paradigmático lo publicó el New York Times en el año 1972: el Servicio Público de Salud de Estados Unidos inoculó sífilis a centenares de negros para estudiar la progresión de la enfermedad hasta sus últimas consecuencias.

“Esos hombres no son víctimas, son héroes: están drogados, perdidos, no tienen futuro, ni familia, nada, pero aquí puede realizar milagros”, dice el doctor Mayrick; un argumento que no convence a Cristina Guijarro, neuróloga del Instituto Ética Clínica Francisco Vallés-Universidad Europea. “La investigación no es mala; pero hay formas de llevarla a cabo y una de las claves es la voluntariedad y el consentimiento informado”, argumenta Guijarro. Entre el público del cinefórum, una oncóloga levanta la mano: “la mayoría de pacientes ni lo leen, ni lo entienden”, dice sobre el consentimiento, “y, además, la Medicina es cada vez más compleja de explicar”, opina la oyente, experta en cáncer de mama. “Si incluyo a una paciente en un ensayo clínico es porque creo que es bueno para ella, y ella acepta porque confía en mi”, señala.

“Una cosa es señalar lo que pasa y otra es lo que debería pasar”, contradice Jorge Alberto Álvarez, profesor de bioética de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco (México). “El consentimiento informado es un proceso que trata de horizontalizar un relación asimétrica por naturaleza; el paciente puede o no leer, pero primero hay que hablar”, defiende. “Al final, la norma llega hasta un punto, pero lo importante es cómo es el médico”, opina Herreros, “al final, el señor que lee Google no entra en el ensayo clínico, y la señora de 80 años que confía en el médico, sí”. Esta mezcla de factores puede ser beneficiosa, pero también provocar situaciones desiguales y de dudosa ética, incluso hoy en día.

“El 80% de los pacientes de ensayos clínicos proviene, actualmente, de países del tercer mundo o de Rusia”, afirma Guijarro, “muchos entran porque la experimentación es la única forma que tienen de acceder a un tratamiento de cualquier tipo”. La única garantía que ofrece esta práctica, conocida como ensayo clínico en población vulnerable, es que, una vez haya concluido el experimento, los “voluntarios” continúen recibiendo la medicación de forma gratuita. En este sentido, apunta Herreros, las situaciones de emergencia y los escenarios de catástrofes humanitarias siguen siendo los principales focos de mala praxis.

Cineforum

Tras esta séptima sesión de cine -la primera fue Del revés (Peter Docter, 2015),  la segunda Mi vida sin mí (2003, Isabel Coixet), la tercera Efectos secundarios (2013, Steven Soderbergh) y la cuarta La Red (1995, Irwin Winkler), la quinta Las normas de la Casa de la Sidra (1999, Lasse Hallström) – ICOMEM exhibirá otras 2 películas relacionadas, cada una, con un capítulo del Código de Deontología. La siguiente proyección, Jon Q  (2002, Nick Cassavetes) versará sobre la problemática del trasplante de órganos.