Para entender el estudio, es importante saber que en estos países el personal de enfermería, los farmacéuticos, los dentistas, los optometristas y los fisioterapeutas pueden recetar a los pacientes si obtienen el título de “prescriptor independiente”, por lo que la actividad está regulada por el estado. Según los autores, los efectos de mejoría de los pacientes tratados por estos profesionales son iguales a los recetados por médicos.

Además, el estudio señala que la presión sanguínea de varios pacientes tratados por enfermeras o farmacéuticos es menor que los recetados por los médicos, concretamente la presión arterial sistólica. De igual manera, los autores de la investigación subrayan que los pacientes que han seguido las recetas de las enfermeras tienen una densidad menor de lipoproteína.

El estudio indica que los tratamientos de las enfermeras han logrado en la mayoría de los casos estudiados, que el nivel de azúcar en sangre disminuya más que con los tratamientos recetados por médicos. Por otro lado, la investigación señala que no se ha podido analizar si los farmacéuticos y las enfermeras, como prescriptores independientes, consumen más recursos o emplean más tiempo para recetar a los pacientes.