“Estamos en alerta, pero la situación está bajo control”, según el ministro de Salud de Brasil, Ricardo Barros, quien ha señalado que “la recomendación de la vacunación en 19 estados es permanente y las vacunas están disponibles”. Por su parte, el gobernador de la zona afectada, Fernando Pimentel, ha prometido “toda la ayuda de las autoridades para hacer frente al virus”, tal como recoge la agencia EFE.

En concreto, se han enviado a Minas Gerais 700.000 unidades y un equipo de apoyo a la investigación. En previsión de una posible propagación de la fiebre, Espírito Santo, el estado vecino, también recibirá un suministro de 500.000 dosis. Sao Paulo y Marapoama, en el interior del estado paulista se han sumado a la alerta tras hallar 2 macacos muertos.

El virus de la fiebre amarilla ha podido ser confirmado en uno de los cuerpos, pero no en el otro, dado el avanzado estado de descomposición en que se encontraba el animal. André Siqueira, especialista de la Fundación Oswaldo Cruz (INI/Fiocruz), ha atribuido el brote al “desequilibrio ambiental causado por el hombre”.

Tal como ha declarado Siqueira, “uno de los factores que pueden explicar este brote de fiebre amarilla es la mayor proximidad de los humanos a las zonas boscosas, donde hay más posibilidad de que el mosquito infectado transmita la fiebre”.  El experto ha advertido de que, “desde 1942 no había casos de fiebre amarilla urbana -transmitida por el Aedes Aegypti- en ciudades brasileñas”, por lo que llegada es “motivo de preocupación”.

No obstante, en 2015 se registraron 9 casos de fiebre amarilla silvestre -transmitida por el Haemagogus y el Sabethes– que desembocaron en 5 muertes por fiebre amarilla y 6 cuadros más a lo largo de 2016, esta vez con 5 víctimas. Esto significa que, a pesar de ser una patología menos común que el dengue, es bastante conocida en el país, y cuenta con un esquema de vacunación recomendado.

Brasil sugiere trabajar con un ciclo a nivel general de 2 dosis, una a los 9 meses y otra a los 4 años de edad. En cualquier caso, debe prestarse especial atención a los colectivos vulnerables, “gestantes, niños, ancianos y habitantes de zonas rurales, próximas a áreas boscosas o selváticas”. Pese a todo, matiza Siquiera, “no deben descuidarse las otras enfermedades que transmite el mosquito Aedes Aegypti”, tales como el zika, el dengue o el chikunguña.