Para el desarrollo de los biosensores, el profesor Pires ha recurrido a la resonancia de plasmones superficiales y a la microbalanza de cristal de cuarzo. Según ha explicado, se ha publicado un primer estudio que confirma que es posible detectar la leishmaniasis visceral con la resonancia de plasmones superficiales, un procedimiento que mejora la sensibilidad y la especificidad del análisis y lo hace más rápido.

Las pruebas diagnósticas que se usan normalmente para detectar la leishmaniasis son un inmunosorbente y la reacción de inmunofluorescencia indirecta, que detectan los anticuerpos específicos en el suero de pacientes. Tal y como señala la universidad, más del 90% de las infecciones de leishmaniasis visceral se concentran en la India, Brasil, Bangladesh, Nepal y Sudán. Los síntomas propios de esta enfermedad son fiebre alta, dolor de cabeza, anemia, y otros más específicos como la inflamación del hígado (hepatomegalia) y el bazo (esplenomegalia).

En las zonas endémicas las pruebas suelen llevarse a cabo entre toda la población debido a que hay un número importante de casos que son asintomáticos. Desarrollar una resonancia de plasmones superficiales portátil es uno de los retos que se plantea ahora el equipo del profesor Emanuel Pires Souto.

“Hasta ahora hemos recurrido a equipos costosos y comerciales cuyo uso en determinadas zonas rurales es complicado”, ha explicado el profesor Pires. En su opinión, “en un futuro muy próximo lo ideal sería disponer de un dispositivo pequeño y portátil con fibras ópticas como nanosensores que realice la prueba en tiempo real y ofrezca resultados inmediatos”.